Las adicciones más peligrosas y habituales

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De entre todas las temáticas del desarrollo personal, sin duda las adicciones son uno de los terrenos más escabrosos y amplios de tratar por diversos motivos, tanto de la esfera íntima de la persona, como por los condicionantes sociales que lo suelen acompañar y que fácilmente estigmatizan este tipo de conductas. En primer lugar aclararé que consideramos como adicción toda aquella situación que produce dependencia en la persona, bien sea a través de sustancias, actividades o relaciones en las que esta pierde el control y actúa de forma compulsiva para satisfacer su “necesidad”. De este modo encontramos que existen adictos a ingerir drogas o alcohol, adictos al sexo, a la televisión o a internet, por citar sólo algunos ejemplos.

De modo que cualquier persona está expuesta a ser adicta a prácticamente cualquier cosa. Aunque existen varios condicionantes, la premisa básica para descubrir si una persona tiene adicción es que exista el deseo obsesivo, compulsivo y repetitivo que sólo logra satisfacer momentáneamente alcanzando el objeto de su deseo. Encontramos por tanto, que la adicción va siempre acompañada de una pérdida del equibilibrio interno y del control, por lo cual de forma temporal únicamente la satisfacción del deseo puede mantener a la persona feliz. En la mayoría de los procesos adictivos, en la etapa posterior al deseo satisfecho, ya sea de comida, tabaco, alcohol o cualquier sustancia, le suele acompañar una sensación de vacío, frustración, depresión o incluso desprecio o rabia hacia si mismo, que obviamente producen emociones de infelicidad que el adicto busca mitigar volviéndose nuevamente hacia el objeto de su deseo, ya que sólo eso le aporta felicidad y una huída de su “realidad” actual.

Existen adicciones como las producidas por las sustancias químicas de la cocaína, heroína o tabaco por citar unos ejemplos en las cuales se inoculan en el organismo sustancias que provocan no sólo la dependencia psicológica sino la física, entrando la persona en un bucle de difícil salida, puesto que el propio organismo va disminuyendo progresivamente su capacidad de defensa inmunológica, su regeneración y equilibrio.

El uso continuo de estas sustancias que actúan sobre el sistema nervioso son las causantes de que también el cerebro experimente un cambio en su funcionamiento, y se habitúe a funcionar con la presencia de dichos químicos, sin olvidar que cada vez requiere mayores dosis para obtener la mismas sensaciones de saciedad del deseo.

Por este motivo, cuando nos encontramos con casos de adicciones a sustancias químicas, es común administrar otras sustancias de origen también químico que en primera instancia puedan equilibrar la parte física y reducir en lo posible el llamado síndrome de abstinencia que se produce cuando el organismo no recibe la dosis a la cual ha estado habituado. Aclaro enfáticamente este aspecto puesto que en los tratamientos psicoemocionales siempre trabajamos con la persona en estado consciente y con el máximo potencial energético posible. Si un adicto aun no se encuentra en esta fase es prioritario que a través de los sistemas médicos de desintoxicación química realice primero esta labor, para después hallar las causas psicosomáticas que provocaron la adicción y poder así erradicarlas.

Es muy común observar a personas que mantienen conductas de riesgo con determinadas sustancias sin que sientan que son adictas, ya que en lenguaje coloquial dicen “controlar” la situación. Esta aseveración, lejos de ser cierta, es además de las más peligrosas porque ni siquiera se es consciente del peligro que se cierne sobre ellas. Por ejemplo, si bien es cierto que existen personas que de forma continuada consumen determinadas drogas sin que aparentemente su quehacer cotidiano se vea alterado, el hecho de que hayan mantenido el consumo de forma constante ya es constitutivo de adicción y es muy común observar que cuando en la vida de estas personas ocurre de forma inesperada un acontecimiento doloroso a nivel emocional, como puede ser el fallecimiento de un ser querido, un divorcio o la pérdida del empleo, para la persona que ya está habituada a esas sustancias, se convierten entonces en mayor objeto de deseo y si que entonces las dosis pueden verse incrementadas cayendo en la adicción.

Cuando he tenido que trabajar con personas adictas siempre he encontrado que en la esfera interna existe un vacío. Ese vacío de forma insconsciente es tratado de llenar con la satisfacción del deseo adictivo. Cuando vemos que nuestro deseo cumplido no nos proporciona la sensación que anhelamos de forma prolongada y tenemos que recurrir a él, de forma repetitiva como única vía de escape, estamos convirtiéndonos en adictos.

Existen de forma genérica 3 tipos de adictos, el que desconoce que lo es, el que sabe que lo es y desea dejar de serlo y el que sabe que lo es, pero no desea dejar de serlo.

 

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